Sembrador de vida y protector de la tierra que da frutos.
Arquitecto y constructor de refugios.
Tu existencia fue intensa e inquieta.
Reparador de trastos viejos;
Con los ojos brillosos del eterno soñador;
Y enfocado en asegurar el pan de cada día.
De arrojo y carácter retador;
De reflejo oportuno y defensor;
De cuerpo erguido y desafiante;
De mirada firme y andar apresurado;
Y de presencia hermética e indestructible.
En una ocasión encontré un llavero y te lo conté con emoción.
Me dijiste, regrésalo a su lugar, eso no es tuyo y aquí termina la discusión.
Así era mi padre; él dio mucho más de lo que recibió.
Tus energías las apagó el miedo a la muerte.
Tu trance final te guio a la paz que siempre te fue esquiva.
Fui testigo de tu última batalla, en tu lecho postrero.
Fue entonces cuando comprendí tus rabietas y tus desencajes;
Cuando logré sospechar de tus dolorosas derrotas;
Cuando se desvelaron tus sacrificios;
Y cuando tomó brillo tu amor incomprendido.
Tuviste un corazón aguerrido y solitario.
Fuiste gallardo y abnegado hasta el final.
¡Qué bien callaste las peripecias de tus luchas!
Gracias, papá.
Cosme G. Rojas Díaz
14 de junio de 2023
@cosmerojas3
P.D.
Dedicado a los padres responsables, para todos aquellos que consagran sus vidas al bienestar de sus familias.

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