¿Por qué leer?

Leer es escudriñar, percibir, contemplar y otorgar más tiempo a la comprensión que al juicio. La vida transcurre en un camino corto y para obtener el máximo beneficio es preciso dar cuidadoso repaso a lo cotidiano.

El elemento activador para hacer algo es querer hacerlo. La buena noticia es que tenemos el poder de modelar y conducir hasta nuestras emociones. Este concepto lo sintetiza la siguiente sentencia: “El pájaro no canta porque es feliz, es feliz porque canta”- William James. La voluntad es un ingrediente fundamental para alcanzar la excelencia. Nada hecho por obligación logra a cubrir con las expectativas.

Me animo a leer movido por el afán de descubrir nuevas rutas. Lo desconocido es abrumador y es necesario estar conscientes de esa realidad. El hecho de estar provistos de racionalidad e intuición nos conduce a ser indagadores. Fuimos creados para crear y la tarea debe comenzar por explorar las potencialidades y ser diligentes en desarrollarlas. La ruta hacia la autorrealización arranca por encarar a nuestra intimidad.

¿Te animas a leer buenos textos? ¿A romper con la excusa de no tener tiempo para hacerlo? Atrévete a cuestionarte y a desafiar a tu contexto. Busca escritos que orienten tus ideas, instinto, sensaciones e inquietudes. Debate de esos temas, con otras personas. En nuestra mente subyace una motivación que nos empuja hacia la búsqueda de la verdad. La curiosidad es innata en todo ser humano.

Encontramos alivio al descubrir que no estamos solos y podemos compartir nuestros sueños con otras personas. Los libros nos conectan en espacio y tiempo; nos abren puertas; ventanas y rendijas aún en los más oscuros recintos. Un libro puede ser una nave: para movernos a otras latitudes, una vía directa para conversar con personajes del pasado, para proyectarnos en el porvenir o una rendija para escaparnos del mundo al cual creemos real.

El beneficio de la ojeada debe ser un acto placentero, nunca un sacrificio. El entusiasta se abstrae en su mundo, como el niño en sus fantasías. Tengo la convicción de que a todos los pequeños les encanta leer y lo hacen de múltiples formas, pero el medio ambiente se encarga de asfixiar ese candor. Lo importante es que, es posible rescatar ese entusiasmo con la actitud adecuada.

Si no eres un lector avanzado comienza por seleccionar escritos sencillos, los cuales te hagan sentir a gusto. Asegúrate de que sean retadores y te aporten algo útil. Así alimentarás la energía por aprender más. Créeme, los libros son aditivos. Las personas que se autocalifican como lectores perezosos, es porque no han dado con los textos acordes con sus necesidades e inclinaciones físicas, intelectuales, o espirituales. El hábito de leer se cultiva y se consolida con la satisfacción de sus efectos. Si la lectura demanda un gran esfuerzo y te produce fatiga quizá es porque no sea para ti o sencillamente aún no estés listo para esa prosa. Existe material para abarcar múltiples temas y a cada individuo le corresponde seleccionar y dosificar la lección a su medida.

En la lectura descubro infinitas posibilidades de aprender y de vibrar. Eso produce sensaciones maravillosas. Detrás de cada escrito hay diversas oportunidades de interpretación. El autor al liberar un escrito sabe que ya no le pertenece; desde entonces, esos mensajes, quedan sujeto al juicio de cada lector. La pesquisa se debe alinear con los talentos y eso lo debe descifrar cada uno.

Es un desperdicio no indagar sobre las capacidades con las cuales hemos sido dotados. Ese es el reto de cada ser humano y con esa vara seremos medidos al final de nuestro ciclo. Hojear buenos contenidos ayuda a crecer, descubrir, sentir y a mucho más.

¡Descubre al tipo de lector que hay en ti!

Cosme G Rojas Díaz

23 de julio de 2023

@cosmerojas3


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