Humildad, verdades y mitos

Se ha escrito tanto de la humildad porque se trata de un valor superlativo. ¿Qué es la humildad? Y ¿Por qué es una necesidad?

De acuerdo con la RAE: Es la virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento.

La humildad es un valor y es una postura ante la vida. Quien la tiene como hábito actúa en consecuencia y con consistencia. No se necesita esforzarse para demostrar su presencia. Es una cualidad y una forma natural de percibir el mundo interior y exterior. Es enfocarse más en entender que en juzgar. Se trata de no impresionarse ni descartar de manera prematura, es ser consciente de la maravillosa inmensidad.

Solemos asociar al orgullo como un antónimo a la humildad, lo cual no siempre es correcto ni justo.

El orgullo tiene dos connotaciones, una positiva y una negativa. La negativa se asocia con la soberbia y la positiva con la energía del valorar lo que se es, por encima de lo que se tiene. El orgullo puede ser beneficioso si es controlado o gobernado por la humildad. Examinemos algunas de las definiciones del orgullo:

Merriam-Webster define el orgullo como «autoestima razonable» o «confianza y satisfacción en uno mismo». Oxford lo define como «la cualidad de tener una opinión excesivamente alta de uno mismo o de la propia importancia. La RAE lo precisa como: Arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia, que a veces es disimulable por nacer de causas nobles y virtuosas».

La desproporción del orgullo ocurre cuando excede los límites de la sensatez. Si la humildad gobierna el orgullo no genera conflicto.

El humilde no se compara con nadie, sino consigo mismo. El orgulloso puede excederse en sus valoraciones por encima de la realidad y juzgarse superior de las otras personas. No está mal sentirse orgulloso de sus raíces, de su familia y logros; lo que, si resulta odioso es estimarse superior y posicionado en la cima.

Una adecuada dosis de orgullo inyecta entusiasmo para moverse en la búsqueda de los propósitos y eso es muy bueno. Las alegrías brindan mucho bienestar y el sabio comprende que siempre hay espacio para crecer, sin nunca traicionar a la humildad. El necio cree que ya lo alcanzado todo. Al cruzar esos límites, el orgullo se transforma en soberbia. El adulante se infla en las victorias y se desploma en los fracasos. Resulta más fácil recuperarse de un fracaso que de una victoria.

La humildad está vinculada con la sabiduría, la racionalidad, la sencillez y la sensibilidad; el orgullo exacerbado ofusca el entendimiento porque se fundamenta en prejuicios y dogmas.

Es necesario no dejarse engatusar por los estafadores del verbo. Me atrevo a decir que el término humildad ha sido manipulado y ajustado según las conveniencias. Me refiero a los mitos que se les atribuye de manera aviesa:

La humildad es confundida con una clase social. Con frecuencia se mezcla a la pobreza material con la humildad, cuando no tienen absolutamente nada que ver la una con la otra. Cuantas veces los medios de comunicación se refieren a las clases populares como a los sectores humildes. De hecho, ser humilde es poseer un espíritu rico.

Hay quienes conciben ser humilde con la autocompasión. Cuando en realidad eso es esconder la pereza y ser desagradecido. Es ruinosa esa inútil frase de: pobrecito de mí. Eso es falsa humildad.

Los poderosos ven a la humildad conveniente para las masas, pero no para ellos. He visto a más de uno impartir cátedra de humildad desde sus tribunas a sus subordinados, con actitudes y lenguajes soberbios. Recriminan a sus subalternos y se llenan la boca proliferando expresiones como: es que no hemos aprendido nada por falta de humildad. Hay que cuidarse de los embusteros y examinar las actitudes y acciones honestas.  

Los arrogantes piensan que la humildad y el carácter están en contraposición. La degradan para los sumisos y los de baja autoestima. Hay quienes huyen de la humildad por el temor de ser tildados de débiles y no se percatan que el control de las riendas comienza por regir sobre el ímpetu interno.  Esto se lo atribuyo al miedo a abordar la verdad.

Resulta curioso y hasta paradójico, pero hay quienes conciben la humildad como un trofeo; hasta compiten por ser los más humildes de la comarca. ¡Habrase visto semejante disparate!

La humildad se ampara bajo los siguientes atributos: Amor, honestidad, valentía, diligencia y resiliencia.

Si usted quiere saber si alguien es humilde dele una cuota de poder y observe como lo administra.

Cosme G. Rojas Díaz

05/11/2023

@cosmerojas3


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