Ocaso mirandino

Era una tarde serena y el Sol comenzaba su fugaz rutina de despedida. El astro se tornaba rojizo en el horizonte y lucía apurado por sumergirse entre las montañas.

Disfrutamos de aquel espectáculo como si fuera la primera vez. Reposábamos en unas sillas observando desde nuestra terraza. Nada que decir, para no perturbar el evento.

En un par de minutos esa película se desplegó ante nuestras miradas. Detrás del despejado cielo se formaron fondos de diversas tonalidades. Un difuso rayo azul claro parecía una estela dibujada en el espacio, desde el lugar en donde el Sol se ocultó. Las siluetas de los árboles capturaban la fotografía de un baile. La armonía en la evolución de los contrastes visuales escondía discretos ritmos musicales.

Esta y cualquier descripción resulta mezquina. La poesía de aquel efímero paisaje superaba a la más perspicaz imaginación. Permanecimos callados, saboreando la sensación, hasta que concluyó la fiesta.

Así gozamos de estos gratuitos momentos; tan intensos y cortos como estas líneas.

Cosme G. Rojas Díaz.

12 de febrero de 2024

@cosmerojas3

Inspiración Ocaso en Los Altos Mirandinos de Venezuela

Foto tomada por mi yerno Leonel


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