La cultura abarca todos los aspectos del comportamiento y la expresión del ser humano; en ella se amalgaman las ciencias; la espiritualidad; el conocimiento; la música; el deporte; las artes plásticas, visuales, escénicas; las tradiciones; el entorno social y el geográfico. En fin, hablar de cultura es hablar de la esencia humana.
La naturaleza humana se caracteriza por la capacidad para crear y transmitir las percepciones a nuestros semejantes. Hemos establecido códigos para el entendimiento, basados en las aproximaciones que nos conectan.
Al observar a un recién nacido se puede notar en sus expresiones faciales su interacción con su entorno. Un pequeñín aprende de prisa a diferenciar los mensajes sublimes de los hostiles. Al mismo ritmo, se inician en la práctica del dominio empírico de sus emociones, a través de manifestaciones elocuentes de: sonrisas, llantos, asombro, incomodidad, temor y tranquilidad. Mientras asimilan el lenguaje oral, envían los mensajes usando otros recursos.
Contamos con variados mecanismos para exteriorizar nuestros discernimientos. Todos tenemos o desarrollamos una faceta distintiva; porque la comunicación es un arte. El lograr empaquetar un recado nos convierte en comunicadores.
Nos conectamos de múltiples e insospechadas maneras. En cada intercambio envolvemos los mensajes para despacharlos por diferentes medios. El canal más sencillo y de mayor uso es el lenguaje de las palabras. Sin embargo, nos conmovemos con solo mirar, escuchar, oler, palpar texturas o degustar sabores. Nuestras sensaciones son de tan abstracta complejidad como la de nuestros misteriosos sensores.
Un gesto, una pincelada, una nota musical, un silencio, una palabra; cualquiera de estos elementos, en un contexto propicio, pueden ser decodificados por un receptor entrenado como un mandato, advertencia, invitación, recepción o aceptación. Así de eficaz puede resultar un mensaje.
Una pintura, una escultura, una melodía, un aroma, una palabra; en ocasiones tienen el poder de atraparnos, ubicarnos o trasladarnos en espacio y tiempo. Cualquiera de estos estímulos, si resultan pertinentes, pueden mover voluntades.
Es un verdadero milagro que estemos vivos; y es aún más sorprendente que tengamos un nivel de conciencia tan elevado como para cuestionar el sentido de la vida.
Porque la palabra de Dios tiene vida y poder. Es más cortante que cualquier espada de dos filos, y penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta lo más íntimo de la persona; y somete a juicio los pensamientos y las intenciones del corazón.
Hebreos 4:12
Resulta ineludible plantearse el desafío de descifrar el mensaje del sentido de la vida.
¿Crees que tú vida es casualidad?
Cosme G. Rojas Díaz
@cosmerojas3
04 de octubre de 2024.

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