Somos seres pensantes y no podemos obviar ese atributo.
“Cogito ergo sum”. –Rene Descartes
Nos resulta innato e ineludible el hacernos preguntas existenciales y retóricas. Las mismas de siempre, aunque no encontremos respuestas definitivas, al menos podemos avanzar y aproximarnos a la verdad.
¿Por qué?, ¿para qué?, ¿cómo?, ¿cuándo? y ¿dónde? Son las interrogantes que preceden a cada acción.
Nuestro comportamiento es gobernado por la conciencia, todas nuestras acciones pasan por el filtro de la razón. Incluso los mandatos del corazón cuentan con el permiso del pensamiento, antes de que los seleccionemos.
Este análisis está dirigido al campo gerencial. Mucho se ha escrito en materia de liderazgo y es un tema inagotable. Los factores del éxito en cada propósito son el producto de las voluntades. Están acompañadas de fino discernimiento y de la dosis de paciencia para actuar con precisión y en tiempo.
Para ilustrar como enfrentar un reto, se me ocurre como ejemplo el desafío de un bateador de beisbol. Sin duda alguna es una tarea de gran complejidad.
El béisbol es un 90% mental, la otra mitad es física» y «No puedes pensar y batear al mismo tiempo» Yogui Berra.
El bateador ha de tener el carácter para golpear la pelota y colocarla en las zonas permitidas. Debe tener el discernimiento para leer en cada lanzamiento, su trayectoria y velocidad. Debe tener la paciencia para activar su swing con precisión en tiempo, potencia y dirección. Él dispone de aproximadamente un cuarto de segundo (0.25 segundos) para reaccionar y sacudir una pelota lanzada a 100 millas por hora. El duelo es arduo. Alguien que logra hacerlo en un tercio de las oportunidades se convierte en parte de la élite.
En el liderazgo de un equipo lo importante es que se logre la sinergia óptima. Cuando esto se alcanza, aparece la magia y lo imposible encuentra caminos y soluciones insospechadas.
En toda planificación se espera lo mejor, mientras se prepara para enfrentar lo peor. La incertidumbre se puede mitigar, pero no es posible eliminarla. Los equipos exitosos tienen la capacidad de ajustarse y dar respuestas a los imponderables. El líder no tiene todas las respuestas, pero es capaz de inspirar las voluntades.
El líder diligente debe navegar y discriminar entre opiniones, pericias y conocimientos. Debe saber diferenciar entre lo irrefutable y las opiniones. La toma de decisiones, han de ser oportunas y ponderadas.
En la planificación y en la ejecución de tareas, hay varios aspectos que se deben considerar. La gestión de proyectos dicta catedra en esta materia. No es el objetivo de este escrito ahondar en los detalles metodológicos.
Sin embargo, si lo es el poner foco en el planteamiento de cada situación por abordar. En estas privan el qué se debe hacer, el cómo y en cuánto tiempo. He aquí el desafío del líder.
Los trabajos se pueden hacer de manera eficaz, eficiente y efectiva. Es muy importante entender estas categorías de logros y su aplicabilidad en cada contexto.
En los tres casos se puede alcanzar una meta específica. Sin embargo, se debe procurar que los resultados sean sustentables. Es decir, que los equipos puedan mantener su capacidad resolutoria a través del tiempo. Se debe evitar los desperdicios de esfuerzos y de gastos emocionales. No es lo mismo prepararse para una batalla que para una guerra. La historia resulta útil si la invocamos para no repetir los errores conocidos.
Analicemos las diferencias para entender las diferencias entre eficacia eficiencia y efectividad. De acuerdo con la RAE:
- Eficaz, es un adjetivo que se aplica a una cosa o persona que consigue el efecto esperado o pretendido.
- Eficiente, significa tener la capacidad de lograr un efecto determinado con la cantidad mínima de recursos o, tratándose de una persona, ser competente y capaz de realizar una actividad o función de manera efectiva.
- Efectivo, producir el efecto esperado, es decir, ser útil de manera óptima. Además, es la combinación ideal entre la eficacia y la eficiencia.
A los efectos de comprender y dominar mejor estos términos, revisemos con ejemplos para cada caso,
Victoria Eficaz (hacer lo esperado): El caso del muy citado y a veces mal comprendido término de “Victoria Pírrica”. Pirro es considerado uno de los mejores generales de su época y uno de los grandes rivales de Roma.
La victoria Pírrica proviene de una frase que el rey Pirro pronunció. Fue después de su triunfo en la Batalla de Asculum en el año 279 a. C.: «Otra victoria como esta y estoy perdido». De hecho, los costos de aquellas pérdidas lo llevaron a ser vencido en la batalla de Benevento. Por lo tanto, se vio obligado a retirarse. Esta alocución con frecuencia se usa fuera de contexto, cuando se atribuye a una victoria por corto margen.
Victoria eficiente (hacerlo correctamente): La Batalla de Alesia, en la cual Julio César tomó una fortaleza gala. César no solo rodeó ese baluarte. También construyó una segunda línea de defensa exterior. Esta línea fue para repeler a un ejército de refuerzo galo. Ejecutó una planificación meticulosa, con una ingeniería militar superior. Logró la rendición de la fortaleza y la derrota del ejército de refuerzo. Minimizó sus propias bajas en comparación con los ejércitos galos.
Victoria efectiva (hacer lo correcto): Una victoria efectiva se logra cuando se cumple el objetivo principal. No importa los recursos invertidos. El enfoque está en el resultado final, no en el costo. Esto podría ser logrado a pesar de tener grandes pérdidas, siempre y cuando el objetivo estratégico se cumpla.
El Desembarco de Normandía durante la Segunda Guerra Mundial, es un ejemplo. Las fuerzas aliadas sufrieron enormes pérdidas humanas y materiales, especialmente en playas como Omaha. El objetivo era establecer una cabeza de playa en Francia para liberar Europa. Este objetivo se logró con éxito. Aunque fue una operación muy costosa, fue decisiva y efectiva para ganar la guerra.
Para cada situación un dirigente debe tener claridad de objetivos y visión estratégica. Se debe evaluar los escenarios, las factibilidades y administrar las capacidades. Los equipos fuertes, con orientación de logros y determinación requieren de escasa supervisión. Lo que nunca está de más es alimentar la inspiración, monitorear los avances, corregir las desviaciones y coordinar los esfuerzos. Es allí donde se diferencia un líder de un jefe.
Conclusiones
El qué hacer y el cómo hacerlo puede marcar la diferencia. Un asunto importante es decidir si se quiere tener líderes o jefes dentro de la organización. Eso puede marcar la diferencia entre ganar un cliente, mantenerlo o perderlo. Entre tener un clima organizacional adecuado o una alta rotación de personal.
¿Los líderes de su organización comprenden las diferencias entre ser eficaces, eficientes y efectivos? ¿Estarán en capacidad de discernir entre logros sustentables y victorias pírricas?
Un líder construye un equipo y lo eleva a su nivel óptimo de rendimiento. Un jefe logra que las cosas se hagan de acuerdo con su criterio y voluntad. El líder inspira, orienta, empodera, coordina, corrige y discierne. El jefe ordena, controla, desconfía y se asegura de que se apliquen sus reglas.
Un líder es como un director de orquesta. Él no toca los instrumentos, pero le corresponde lograr la armonía perfecta entre los músicos.
Cosme G. Rojas Díaz
02 de septiembre de 2025
@cosmerojas3
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