Levanté la mano derecha, para ver la hora. Me di cuenta de que mi reloj se había descompuesto.
Miré de un lado a otro. Noté que todo estaba quieto. La brisa no soplaba, los pájaros no cantaban, no había ruido en el ambiente y los olores se pausaron. Solo quedaba la luz, mientras yo seguía al ritmo habitual. Me rasqué la cabeza y me pregunté. ¿Será que el tiempo se ha detenido? Y si así fuera ¿Podría sacar provecho de esos instantes congelados? Disponía del espacio mientras el reloj seguía detenido. Estaba en una dimensión distinta.
Me dispuse a avanzar y mi movimiento resultó gradual. Como quien sube o baja un escalón a la vez. Qué potestad tan espectacular el de ver la vida cuadro a cuadro. Experimenté una extraña alucinación de poder pausar y acelerar el reloj a mi antojo.
Si tan solo prestara más atención a lo que sucede a mi alrededor. Si pudiera observar a la gente, a su reacción a cada detalle sensorial. Si pudiera darme cuenta de los imperceptibles cambios en la naturaleza. Si pudiera imaginar el proceso inexorable de la transformación en cada ser vivo.
Cada semilla al germinar emprende una misión y soy incapaz de percibir ese poder. Cada flor despliega un derroche de belleza gobernada por un mandato misterioso. Yo solo soy capaz de observar un cuadro congelado en el tiempo de esa película. Me pierdo de tantos acontecimientos. A mis ojos el fluir de los procesos de los lapsos me resultan inapreciables.
El asunto es que mis tiempos son lentos y a veces acelerados. Sin embargo, con mi imaginación si que tengo más control. Sé que puedo combinar mis sentidos y sensaciones con mi racionalidad. Me percato de que el darme cuenta me empodera a niveles insospechados. Entonces creo, y literalmente, lo hago apelando a dos acepciones para esta palabra. Creo de creer y creo de crear.
En cada instante hay múltiples sucesos ocurriendo de manera simultánea. Si pudiera combinar lo que cada estímulo me está diciendo y si lograra ser capaz de entender la armonía reinante. Nada anda al azar todo se relaciona, mientras yo ando tan distraído.
En una orquesta, cada instrumento es independiente. Incluso si hay varios violines cada uno tiene su independencia, en vibración con el alma de su intérprete. Sin embargo, la belleza de la música se enriquece de la sinergia en perfecta armonía gobernada por su director.
De manera similar en los caos aparentes existen mensajes flotando a la disposición de los receptores. Y cada vida está dotada para ser parte de la orquesta de la existencia, dirigida por el máximo Creador.
El discernimiento es una cualidad humana que nos eleva a un nivel especial. Está a nuestro alcance sintonizar nuestra conciencia con nuestros talentos.
«Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.» 1 Pedro 4:10
Cosme G. Rojas Díaz
@cosmerojas3
5 de agosto de 2025

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