Entropía vs. Orden: El Aliento de la Creación

«En el principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo… Dijo Dios: “Haya luz”, y hubo luz. Vio Dios que la luz estaba bien, y apartó Dios la luz de la oscuridad». — Génesis 1:1-4

Así comienza el Génesis: narrando, con la cadencia de la poesía, el complejo proceso de la creación. Lo que las escrituras llaman «caos y confusión», la ciencia lo identifica bajo el concepto de entropía.

La Entropía: El Caos como Destino

La entropía es la magnitud física que mide el desorden de un sistema. Representa la energía que, aunque existe, ya no es útil para realizar trabajo. Según la Segunda Ley de la Termodinámica, el universo tiende inevitablemente hacia un estado de mayor dispersión. En términos prácticos: las cosas, por sí solas, no se arreglan; se degradan.

Mantener el orden —ya sea en una habitación, en una institución o en nuestra propia vida— exige diligencia, inteligencia y un gasto constante de energía. El desorden es gratuito; el orden es una inversión.

La Eficiencia: El Orden con Propósito

La eficiencia es el orden en su estado óptimo: la capacidad de alcanzar un objetivo minimizando el desperdicio de recursos (tiempo, energía, materia). Un sistema eficiente posee una baja entropía; sus componentes no están dispersos al azar, sino estrechamente vinculados en una arquitectura funcional.

Sin embargo, aquí reside una paradoja científica: para crear orden localmente (baja entropía), se debe expulsar calor y desorden al entorno. Como la casa que se mantiene limpia a costa del esfuerzo físico y el desecho generado, el orden es un «oasis» que requiere una fuerza orquestadora.

El Diseño frente al Azar

El orden no es un accidente; es un proceso de planificación, selección, ensamblaje y control. Imaginar que la estructura de la vida —el niño armando castillos, la abeja polinizando, la semilla germinando— es fruto de la casualidad resulta, por decir lo menos, ingenuo.

Mientras que la entropía es la respuesta natural a las probabilidades matemáticas (es más fácil estar desordenado que ordenado), el orden requiere una determinación. Si vaciamos una caja de rompecabezas sobre la mesa, las piezas caerán en caos. El ensamblaje requiere una arquitectura previa, un diseño y una voluntad que persiga un propósito.


Conclusiones: La Paradoja de la Energía y el Diseñador

Bajo los postulados científicos vigentes, podemos deducir verdades que desafían nuestra comprensión:

  1. La Eternidad Inútil: Si la energía no se crea ni se destruye, pero la entropía siempre crece, el universo se encamina hacia un «equilibrio térmico» donde todo estará estático y la energía será totalmente inútil. ¿Es la energía eterna en su sustancia, pero finita en su utilidad?
  2. El Hito del Origen: Si el Big Bang fue el estado de orden inicial, la pregunta es inevitable: ¿Qué (o quién) concentró esa energía antes de que el reloj de la entropía empezara a correr? La nada no puede generar orden.
  3. El Observador Consciente: Es una ironía sublime que seamos la única parte del universo capaz de pensarse a sí misma. Muchos físicos sugieren que las leyes universales parecen «ajustadas» para permitir nuestra existencia.

Reflexión Final: Si el destino natural del universo es el silencio absoluto y la oscuridad del equilibrio térmico, el acto de la Creación es el desafío supremo a esa inercia. Dios inicia la existencia rompiendo la condena del caos, orquestando una arquitectura de orden en el espacio y el tiempo. El orden, por tanto, no es solo física; es el rastro de un Diseñador ubicado en las antípodas de la nada.

Creo en el único y verdadero Dios del Amor. Él es el supremo arquitecto de la creación.

Cosme Gregorio Rojas Díaz

@cosmerojas3

21 de diciembre de 2025

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