Libertad e igualdad

«Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos. Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo, ¿por qué no será del cuerpo? […] Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso. Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo. Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros.» (1 Corintios 12:14-21).

Ponderar la libertad con la igualdad, crea profundas confusiones. La creación es rica y diversa. El cerebro es diferente al corazón, pero cada uno cumple una función y por ende tienen un valor equivalente.

Analizando la confusión

Para desglosar el análisis comencemos por entender los conceptos y su alcance

Según la RAE:

Igualdad: principio que reconoce a todos los ciudadanos capacidad para los mismos derechos.

Libertad:

  • Condición de libre: estar exento de servidumbre o prisión, o la facultad de actuar sin restricciones, como en «luchar por la libertad».
  • Facultad individual (jurídico): poder hacer todo lo que la ley no prohíbe y que no daña a los demás, como la libertad de imprenta o de expresión.

Existe una confusión al usar el término «igualdad”, porque esta palabra tiene dos connotaciones distintas y las usamos de manera errada:

1. «Igualdad de Forma» (Homogeneidad)

Expresa la idea de que dos cosas son idénticas, intercambiables o tienen las mismas características exactas. La naturaleza demuestra que esto no existe a nivel individual, ni siquiera entre dos hojas del mismo árbol.

2. «Igualdad de Valor» (Equivalencia o Dignidad Intrínseca)

Se refiere a la idea de que, a pesar de las diferencias funcionales o de forma, todas las partes tienen un nivel de importancia fundamental similar dentro del sistema. El corazón no es «mejor» que el cerebro, ni viceversa; ambos son indispensables. Su valor es equivalente.

El error conceptual surge cuando:

  • Asumimos que, para tener valor equivalente, debemos ser iguales en forma. Esto lleva a la frustración cuando la realidad diversa demuestra lo contrario.
  • Asumimos que, si somos diferentes en forma, no podemos tener el mismo valor. Este es el fundamento de la discriminación y la jerarquización social injusta.

La riqueza de la creación (su diversidad) demuestra que el diseño inteligente o natural se basa en la equivalencia de valor a través de la desigualdad funcional.

La confusión nace de un sesgo cognitivo común: tendemos a pensar de forma lineal y jerárquica en lugar de forma sistémica. 

Existen tres razones principales por las que solemos mezclar estos conceptos:

1. El sesgo de la homogeneidad

Desde tiempos inmemoriales, hemos asociado la «igualdad» con la «identidad» (que dos cosas sean iguales en forma o naturaleza). Si algo es diferente, nuestra mente tiende a clasificarlo como «mejor» o «peor». Olvidamos que la equivalencia no requiere similitud. En el párrafo inicial se usa el ejemplo del cerebro y el corazón: 

  • Son desiguales en forma y función.
  • Tienen el mismo valor vital (si uno falla, el sistema colapsa). 

2. La trampa de la utilidad frente a la esencia

A menudo medimos el valor colocando el foco en la «utilidad productiva» inmediata. En una sociedad que premia el rendimiento, se le da más «valor» a lo que es visible o cuantificable. Sin embargo, la creación es complementaria. El valor no reside en lo que cada parte hace por separado, sino en la interdependencia: la riqueza de un ecosistema (o de una sociedad) depende de que sus partes no sean iguales. Por eso en la sociedad actual nos obsesionamos por ser importantes y desconocemos el valor de ser útiles.

3. Confundir «Derecho» con «Naturaleza»

En el ámbito social, la lucha por la igualdad de derechos a veces nos hace creer que debemos ser «iguales en todo». Sin embargo, la verdadera justicia reside en la equidad: reconocer que tenemos una confesión biológica y emocional desiguales. Esa diversidad no representa una jerarquía de importancia humana.

El libre albedrio

Si la igualdad se impusiera por encima de la libertad, el libre albedrío quedaría anulado, pues este solo puede existir en un entorno donde se permite la diferencia y la elección individual.

Aquí se exponen los puntos claves de la tensión filosófica y espiritual:

1. La igualdad impuesta vs. la voluntad

El libre albedrío es la capacidad de elegir entre diferentes caminos. Si el objetivo supremo de un sistema es la igualdad absoluta (homogeneidad), el individuo pierde la libertad de destacar, de errar, de crear o de ser diferente. En ese escenario, el «camino» ya está trazado para todos por igual, convirtiendo a la persona en un autómata y eliminando la esencia de la voluntad humana. 

2. La diversidad como prueba de la libertad

Como se mencionó en la analogía del cerebro y el corazón, la creación es diversa. Es el libre albedrío lo que permite que esa diversidad se manifieste. Si todos fuéramos por mandato iguales en valor, función y resultado, no habría decisiones que tomar. La libertad requiere que existan opciones distintas; sin opciones, el albedrío es una facultad muerta. 

3. El valor del individuo

En el pensamiento teológico y filosófico, el valor equivalente (dignidad) no proviene de ser iguales en capacidades, sino de ser libres.

  • Igualdad absoluta: trata a los seres como piezas intercambiables de una máquina.
  • Libertad y Valor: trata a cada ser como un fin en sí mismo, con un propósito único que solo él puede elegir cumplir. 

4. La paradoja de la libertad

La libertad genera desigualdad de resultados (porque cada uno elige cosas distintas), pero es la única que garantiza que el individuo tenga valor por sí mismo y no por su utilidad para un colectivo. Sin libertad, no hay mérito, no hay amor y no hay crecimiento espiritual, pues todo sería producto de una programación o una imposición externa. 

En resumen, la igualdad entendida como uniformidad es el mayor enemigo del libre albedrío. El verdadero equilibrio se encuentra en la igualdad de dignidad y derechos, que es el marco que permite que cada persona use su libertad para ser el miembro único que le corresponde en el «cuerpo» de la creación”.

Conclusión

La libertad es una muestra poderosa del amor de Dios, al dotarnos de dignidad. La igualdad es un concepto jurídico y social; el valor es un concepto ontológico y funcional. Celebrar la diversidad es entender que la diferencia es la magia de la vida. Mientras que la igualdad absoluta (la homogeneidad) es contraria a la armonía de la creación.

La vida es un don y todos estamos dotados de diferentes maneras. Aprovechemos el tiempo siendo agradecidos y diligentes en la gestión de nuestros talentos. No somos iguales, pero tenemos el mismo valor ante los ojos de Dios.

Cosme G. Rojas Díaz

@cosmerojas3

12 de enero de 2026


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