¿Por qué cambiar?
Es inútil luchar contra lo inexorable y el cambio lo es. La voluntad es el motor que hace posible lo que parece inalcanzable. La educación hace la diferencia y el carácter es el catalizador de los propósitos. La actitud sostiene la búsqueda por descubrir la misión de vida. Las acciones poderosas provienen de la convicción, la determinación y la disciplina.
Las sociedades las dirigen los lideres, para bien o para mal; en ocasiones las masas son arrastradas como rebaños. La necesidad de aceptación enreda a las multitudes facilitando la tarea a los cazadores de incautos. He allí donde debemos detenernos, apartando la pereza que nos aniquila, la que nos expone a desestimarnos y a dejarnos gobernar. No seamos muchedumbre, somos seres complejos, poderosos y con inmenso potencial.
Es necesario cuestionarnos si realmente estamos dispuestos a construir una cultura grande, si queremos asumir con valor el reto de manejar nuestro destino. Los buenos deseos pueden convertirse en una quimera o en un camino de transformación. El resultado depende de nuestra determinación. Si claudicamos ante la ilusión, caeremos en el circulo vicioso de las lamentaciones, en la espiral de los deseos que nunca se cumplen. Si elegimos la evolución, nos tocará abordar una ruta llena de obstáculos imprevisibles; no obstante, si la voluntad es decidida nuestra mente y espíritu sabrán discernir en cada encrucijada.
Hay elementos determinantes que urge conocer para aceptar el desafío de la ruta del cambio. El primero es creer que hemos llegado a la meta, eso nubla nuestras entendederas. El deshacernos de la “viveza criolla”, la cual desnuda la carencia de respeto y la integridad. Seamos empáticos para sentir el atropello que cometemos al querer desplazar a otra persona, eso que llamamos en el argot venezolano “colearnos”. Reconozcamos qué son actos desagradables.
Profundicemos en nuestra naturaleza de gentileza y solidaridad, Execremos de nuestra mente el creernos mejor o menos que nadie. Esa es la base de la humildad. Respetemos las normas de convivencia y del sentido común del buen vivir. Apliquemos siempre la regla de oro “tratar a los otros como queremos ser tratados”.
Abolamos los escandalosos comportamientos en parques públicos, playas, montañas y parques naturales. Eliminemos las demostraciones de marginalidad al dejar basura en nuestras estancias. La generación de contaminación sónica y visual dejan al descubierto lo lejos que estamos de ser un país civilizado.
Los errados comportamientos no distinguen entre clases sociales. Es notorio el desplazamiento de ostentosos vehículos, con poderosos equipos de sonido, bebidas espirituosas y un arsenal de recursos para invadir espacios naturales y dejar la huella devastadora a su paso.
En lo personal no me agrada la palabra sacrificio, porque me suena a sufrimiento, y lo que se hace con dolor termina por desgastar el empeño. En su lugar propongo el entusiasmo; esforzándonos por ser mejores cada día y conquistando de manera progresiva las metas trazadas.
Evaluemos nuestras competencias y vocaciones para explotarlas en beneficio del país que queremos. Que nadie se excluya porque todos tenemos tareas relevantes por delante. Comencemos por prestarnos atención; revisemos como nos vemos, valoramos y comportamos con nuestros seres más cercanos.
¿Cómo cambiar? – La estrategia
La ruta hacia un mejor país se puede mover con convicción y diligencia. En vez de plantearnos un camino arduo y espinoso puede ser más efectivo visualizar las bondades de una vida mejor. Prefiero la orientación optimista y trabajar para alcanzar las esperanzas, que el enfoque de la inmolación. Será porque no tengo vocación de mártir, pero sí de triunfador.
La gallardía es poderosa y permite el óptimo manejo de la resiliencia. La abnegación conlleva a la decadencia y convoca a otros sentimientos desmotivadores como la resignación y la claudicación. La pasión gestionada empuja al coraje y a la búsqueda de lo improbable. El sacrificio nos coloca en cada encrucijada como si estuviéramos ante la última jugada.
Voy a recurrir a un método conocido en el mundo empresarial como el análisis de la Matriz FODA. Esta sigla se desglosa con los siguientes atributos: fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas. Los dos primeros componentes pertenecen al dominio interno. Los segundos conciernen al entorno. Si en esta matriz, confrontamos las particularidades internas con las externas producen un efecto de espejo reflector. Las fortalezas pugnan con las debilidades y las oportunidades con las amenazas.
Como todo buen ejercicio para que genere musculatura se debe realizar en ciclos previamente definidos. Así funcionará como un calibrador del avance o de la madurez alcanzada. La primera vez que se haga debe ser registrada como la fotografía del punto de partida. Apliquemos esta tarea de una manera sencilla a la encomienda que nos ocupa: el cómo avanzar en la construcción de un mejor país.
Fortalezas
Lo que podemos explotar de manera ágil. Imaginemos las fortalezas como los recursos humanos y materiales con los cuales contamos.
¿Cuáles son las fortalezas del país?
Las organizo en dos grupos: las características humanas que realzan nuestro gentilicio y las ventajas de los recursos naturales. En lo humano destacan: La solidaridad, la amabilidad, la generosidad, la alegría, la resiliencia y el sentido de igualdad. En cuanto a los recursos materiales hemos sido bendecidos por un territorio rico en diversidad geográfica, de extensa flora y fauna; bellezas naturales; un clima favorable; inmensos recursos minerales; y las mayores reservas de petróleo del mundo.
Oportunidades
Las oportunidades se deben aprovechar de manera progresiva. Comenzando por identificar las tareas sencillas y al alcance de la mano: tomando los mangos bajitos.
¿Cuáles son nuestras oportunidades en esta temporada?
En el plano humano el proceso de retorno a la democracia abre muchas puertas para el progreso. La posibilidad de reversión de la diáspora, lo cual enriquecería la cultura local y podría causar un efecto similar a la época de la inmigración, un tercio de la población ha salido del país y quienes opten por regresar vendrán con sus mochilas cargadas de experiencias que tendrán un efecto multiplicador; las posibilidades que se vislumbran a mediano plazo de generación de empleos y de fuentes para la formación del recurso humano local.
En el plano material podemos destacar: un mundo ávido de recursos minerales y energéticos; la posición geográfica de 2.800 kilómetros de costas caribeñas ideal para la distribución de recursos y para la explotación turística; un clima estable conveniente para el desempeño de la logística productiva y habilitador de la industria del entretenimiento; y las proyecciones de cambio político, estas hacen atractivas las inversiones de grandes transnacionales.
Las fortalezas apalancan de manera inmediata las oportunidades.
Debilidades
Los desafíos que conviene descubrir, mitigar y abolir. Para retomar el tema del espejo encaja la idea de escuchar y observar cómo nos ven desde afuera. Esto resulta incómodo, pero necesario. No todo cuanto se opine de uno tiene que ser acertado, pero tampoco falso y en especial si provienen de fuentes distintas. Ahondar en las carencias requiere serenidad y capacidad de introspección. De manera natural y por instinto de supervivencia tendemos a ocultar nuestras flaquezas. A ver, eso tiene sentido y justificación. No se trata de andar mostrando nuestras fragilidades, eso más que ingenuo sería inconveniente, lo que resulta paralizante es caer en el autoengaño.
¿Cuáles son nuestras debilidades?
Listemos nuestros principales desatinos: la ligereza en los compromisos; la inconsistencia en los propósitos; “la viveza criolla”; el poco respeto al ambiente y a las normas de convivencia civil; la carencia de humildad al creernos los mejores; la falta de disciplina; y una escasa vocación de servicio.
Existen múltiples ejemplos que ilustran estas insuficiencias. La viveza criolla manifiesta una desagradable falta de educación. El burlar las normas, los turnos y los procesos demuestra falta de integridad. El irrespeto al ambiente y a la convivencia expone baja civilidad. El reto es aprender a disfrutar a plenitud de las maravillas ambientales y entender la fragilidad ecológica. Al visitar una playa, una montaña o un parque lo esperado es sintonizar las percepciones con el entorno; sino asumimos esa condición estamos en el lugar equivocado. De lo que se trata es de interactuar con los sonidos de las olas y las aves marinas; del aroma del salitre, de los pies descalzos sobre la arena y deleitarnos con los azules del horizonte. Lo irracional es apabullar todas esas sensaciones y por si fuera poco dejar huellas devastadoras a nuestro paso, montando ranchos que afean el ambiente y dejando el lugar abarrotado de basura. El disfrute racional y sustentable está reñido con las conductas barbáricas. Los bullicios urbanos sin medidas ni horarios manifiestan desconsideración e irrespeto ciudadano, esta es otra de las debilidades urgentes por eliminar. Estos comportamientos inadecuados no diferencian clases sociales. Bien sea que se viaje en transporte público o en costosos vehículos igual se puede observar cómo se arroja basura a las vías o se dejan los vestigios de desechos inorgánicos en parques y playas.
Estas deficiencias destruyen el propósito de construir un gran país. Reconocer las fallas es el primer paso para erradicarlas o al menos mitigarlas de manera progresiva. Se escucha a inmigrantes y visitantes venidos desde diferentes partes del mundo mencionando estos defectos de algunos de nuestros connacionales. Aunque no sean la mayoría hacen daño.
Ojalá que quienes han emigrado de nuestro país se muestren mas cuidadosos de no incurrir en estos comportamientos y que aprendan lo bueno de otras culturas.
Amenazas
Conviene conocer esos potenciales eventos que pueden atentar contra los planes de crecimiento.
¿Cuáles son las amenazas que acechan nuestros anhelos de progreso?
Existen varios factores importantes que pueden minar las oportunidades: la fuga de talentos, especialmente los formados en las tecnologías mineras y energéticas; las fuerzas mundiales antidemocráticas pujando en contra de los cambios; la competencia regional por la preferencia turística; y el riesgo en lograr atractivo retornos de inversión puede hacer lento la ejecución de grandes proyectos.
Avanzando y entonando el plan podemos ir a lo fuerte, hacia la gestión de las debilidades y amenazas. Esta fase requiere de mayor tiempo y cuidado en su abordaje para evitar el colapso o la capitulación. Es interesante entender que es posible transformar las amenazas en oportunidades y las debilidades en fortalezas. Lejos de caer en eufemismos, esta postura permite convertir los problemas en retos. Ante los riesgos lo imperativo es establecer estrategias de observación, mitigación y de replanteamientos tácticos de los desafíos.
Resumen
No somos un país rico, sino con grandes potencialidades de serlo. El petróleo bajo el suelo nada nos aporta, la minería sin un plan sustentable tampoco otorga beneficios. Las maravillas naturales sin el cuidado y los servicios de calidad, no nos convertirán en un país turístico. Los suelos fértiles sin las competencias no harán nuestras tierras fecundas. El progreso no se extrae de la tierra, se cultiva en el hogar en las aulas y en el trabajo.
El factor clave en el progreso es la educación del ciudadano. Cada uno debe enfocarse en descubrir sus habilidades y explotarlas, al mismo tiempo debe esmerarse en ser mejores personas. Sin formación intelectual, moral y emocional no tendremos posibilidades de crecimiento. Hay países que sin disponer de recursos naturales nos superan en desarrollo y en calidad de vida. La respuesta de como lo han logrado la podemos inferir. Entonces apliquemos el remedio y potenciemos las capacidades humanas en todos los estratos de la sociedad.
Cosme G. Rojas Díaz
P.D.
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@cosmerojas3
23 de mayo de 2026

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