“Sobrestimamos el evento y subestimamos el proceso, cada sueño realizado ocurrió gracias a la dedicación de un proceso” (John C. Maxwell)
¿Cómo comienza el proceso de la escritura? y ¿Dónde concluye? Son dos interrogantes frecuentes, que se formula cada artesano de las letras.
Toda escritura se inicia con una idea, a veces difusa y en otras ocasiones poderosa. Concluye cuando el texto es liberado. Parece sencillo, pero si se quiere escribir bien se debe partir de una idea, construir un mensaje de valor y ser metódico en su tratamiento. Una vez que se tiene la idea ¿Cómo hacer para comunicarla?
Mucho se ha dicho que la inspiración es un importante motor de la creación, pero lo concluyente es la determinación para forjar el mensaje. La iluminación existe, pero la disciplina es más importante. La musa resulta contundente si se encuentra mientras se está trabajando; y si ocurre de manera sorpresiva se debe poner las manos en la obra, para aprovechar su impulso. Así como en todos los procesos, en la escritura existen estados; personalmente los ordeno de la siguiente manera:
- Idea,
- Bosquejo,
- Plan,
- Ejecución,
- Edición,
- Y Liberación.
Si la idea está completa, podría pasar directamente a su liberación. Como muestra, basta con señalar las innumerables frases elocuentes que se han generado en la historia de la civilización.
A lo largo y de manera paralela del proceso hay tres estados opcionales, de inacción temporal o absoluta, los cuales son:
- El Abandono, (puede ser temporal o absoluto)
- La Maceración, (puede ser temporal o absoluto)
- Y la Destrucción (es absoluto).
Cuando ocurre una idea en un creador, esta sacude su mente y su espíritu, el sujeto pasa a ser intérprete de esa realidad y le corresponde plasmar y transmitir lo concebido. Algo es percibido por los sentidos o imaginado por el escritor, es como una semilla con posibilidades de germinar. La apreciación puede ser borrosa, descontextualizada o muy poderosa. Se podría comparar con un seísmo, en cuanto se puede clasificar por su magnitud, naturaleza y porque puede originar cambios. Generalmente la idea no llega embalada para ser despachada, lo común es que requiere ser meditada y procesada. Cada idea representa materia prima, que debe ser labrada con esmero y con pericia; por eso debe escalar a un próximo estado.
El genio del creador comienza a realizar un Bosquejo, estableciendo conexiones de la idea con la realidad que conoce y con otras ideas. De esta manera, imagina las posibles formas para organizar y transmitir un mensaje. Desde la prosa de un relato corto, una poesía, un ensayo, un artículo o una novela.
El bosquejo planteado por el escritor hará necesario asegurar que lo trazado tenga un destino. Así se evoluciona al estado del Plan. Desde esta fase se parte con una visión holística, para asegurar una estructura, un estilo, una ruta jerárquica y un alcance. Se debe responder a la siguiente interrogante: ¿A dónde quiere llegar el autor? En el caso de una novela la historia a contar, los personajes, sus roles, la clasificación o tipo de novela, el entorno, el estilo de la narrativa, los tiempos y los capítulos para dar orden a la obra. El objetivo del plan es imaginar la entrega, antes de poner la obra en manos del lector. Desde luego ningún plan es perfecto y por eso la faena tendrá sus ajustes tácticos durante el desarrollo; pero despachar una escritura sin un plan es como construir una casa sin una arquitectura: nada de calidad se podrá obtener de ella. Es preciso planificar en la dirección de lo que se quiere hacer y para qué se quiere hacer.
Con la estructura y el mapa de lo que se pretende comienza la Ejecución de la obra, lo que equivale a la escritura per se. Es la etapa en la cual se debe dejar que la pluma alcance la máxima fluidez, sin interrumpir a la fuerza de la imaginación y al aliento. Ya habrá tiempo para los ajustes, correcciones y precisiones.
La Edición de los textos, en este estado se revisa que la obra sea coherente, elegante, lo más sencilla posible para el lector y que resulte de acuerdo con el plan. En esta etapa se tiene la mente organizada y se sabe dónde se está parado. Si se detecta un error, se revisa su efecto y de cuantas veces se puede haber repetido. Las herramientas actuales de computación facilitan la corrección de errores masivos, de manera rápida y robusta. La edición es toda una disciplina que requiere desarrollar aguda pericia, hay especialistas dedicados a la materia. Una forma eficiente de hacer la edición es con un enfoque por capas, separando los diversos aspectos que se deben considerar. De manera que, en cada corrida el editor se puede concentrar en revisar un aspecto a la vez, bien sea: diagramación, ortografía, puntuación, estructura de las oraciones, frases, párrafos, tipos y tamaños de letras, encabezados, pie de páginas, tablas de contenido, imágenes, etc. Este es un ejercicio difícil de realizar y requiere de mucho ensayo y dedicación. De hecho, el escritor al editar su propia obra, sin darse cuenta termina entrampado entre editar y reescribir. De manera que, es importante poner cuidado entre los límites de la escritura y la edición, pues suelen ocurrir desviaciones del plan original y perder el sentido del alcance. Siempre es útil recordar la pregunta: ¿A dónde quiere llegar el autor?
A lo largo del proceso hay tres estados que impiden, para bien o para mal, que la obra sea liberada. El primero es el de Abandono, ocurre porque el autor no se siente entusiasmado con lo que ha producido, pero no se atreve a destruirlo. En este estado pueden permanecer obras inconclusas entre semanas, años, décadas o pasar a la destrucción.
El estado de Maceración es un recurso usado por muchos escritores para curar la obra de los efectos y defectos de las emociones, de valoraciones intelectuales y de las circunstancias temporales.
El último estado, del tipo opcional, es el de la Destrucción y al cual se puede acudir en cualquier momento. Julio Cortázar, expresó en una entrevista disponible en el portal Internet http://www.youtube.com, que cuando leía algún borrador suyo y encontraba que no tenía “swing” lo arrojaba directo a la basura. Cada escritor tiene la autonomía para enrollar el papel, con la tinta derramada sobre él, y enviarlo de inmediato a la papelera.
Finalmente, el escritor sabe que no se puede quedar indefinidamente en la edición y debe decidir cuándo su obra está lista para la Liberación o publicación. Al llegar a este estado se debe concluir con la misma sentencia de Pilatos: “Lo escrito, escrito está”
Cosme G. Rojas Díaz
@cosmerojas3
Tomado y editado de mi libro “La aventura detrás de la escritura”
5 de mayo de 2023

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