Reflexiones de inicio de año 2024, desde Venezuela

Bienvenido el año 2024. El 2023 fue un periodo gris, signado por los conflictos bélicos y existenciales de la humanidad.

En cada inicio de ciclo nos invade una mezcla de energías de renovación, amalgamadas con una dosis de ingenuidad y de buenos deseos. Nos hacemos víctimas de nuestras propias trampas mentales. Claudicamos a nuestros sueños, al no convertirlos en planes y luego nos fustigamos porque no se cumplen. No está mal hacer borrón y cuenta nueva, ni detenernos para reponer fuerzas y replantear nuestras metas. Es que hasta el mismo Dios se tomó un día de descanso después de la creación; Él que es fuente inagotable de energía, nos envía un mensaje con este hecho. Es sano y conveniente hacer paradas periódicas, apreciar lo realizado y tomar aires nuevos para seguir caminando; el error está en suponer que las cosas irán a mejor de manera mágica.

Los humanos nos caracterizamos por ser complejos. Transitamos nuestros caminos con conciencia y con sensibilidad. Nos debatimos entre lo real y lo fantástico; entre lo tangible y lo mágico; entre soñar y despertar. Estamos en perpetua búsqueda. Nos mueve el amor y la necesidad de explorar; nos detiene el miedo. Desde nuestra concepción fuimos protegidos por el vientre materno y llevamos grabado la calidez de ese refugio. Quizá por eso nos aferramos tanto al confort. Nos aterra indagar, ¿qué habrá más allá de los límites de lo conocido?

En el debatir interior dudamos entre obedecer al corazón, a la razón, o a la intrépida imaginación. De manera incesante se confrontan las emociones y sentimientos con la racionalidad.

Cada vez que se cierra un ciclo mi memoria revuelve mis cimientos, es una película que en ocasiones he intentado ignorar. Me doy cuenta de que aún del dolor puedo rescatar valor.

Los venezolanos estamos viviendo una metamorfosis, la tragedia ha tocado la esencia de nuestro gentilicio. La diáspora nos está cambiando y no tenemos dimensión del impacto que tendrá en las futuras generaciones. Un tercio de nuestros habitantes se han esparcido por el mundo. Con dureza hemos entendido que una nación es mucho más que un territorio. Esta situación ha afectado a todas las clases sociales.

Antes de la llegada del devastador socialismo del siglo XXI, emigrar desde estas tierras era una rareza. Los que podían viajar lo hacían por recreación, estudios o negocios y luego retornaban al país a contar sus andanzas por el mundo. Fuimos una nación abierta a recibir los destierros de diversas partes del planeta y ahora somos un pueblo de nómadas.

Las expectativas en Venezuela se centran en sus posibilidades de cambio. Este pueblo ha batallado por más de dos décadas al margen de la desidia, incomprensión y complicidad mundial. Este año, cuando ya muchos creían que se habían extinguidos las fuerzas, la gente se volcó a las calles en unas elocuentes elecciones primarias. Los ciudadanos de este rincón del planeta han demostrado resiliencia y reservas sorprendentes.

Lo políticamente correcto se usa como un arma hipócrita contra el bienestar de la gente y en una evasión de la realidad. La indolencia se ha convertido en un bumerán para los impávidos pobladores de otras latitudes. Algunos habitantes de los países desarrollados ignoran que las libertades nos son gratis y que han de ser apreciadas y defendidas. La envidia y la mediocridad siempre están al acecho para corromper los pilares de los valores espirituales. La historia muestra que los vientos de cambio siempre han sido impulsados por la vocación de autonomía de cada ser humano. Es necesario dar un parado a las devastadoras ideas de los pseudo intelectuales del Foro de São Paulo.

En lo global podemos apreciar que el mundo no ha cambiado mucho, continúan las crisis en varios frentes, se debate entre la convivencia y los conflictos. Mientras las tecnologías hacen al globo terráqueo cada vez más pequeño, las ideologías y las religiones gobernadas desde el fanatismo nos llevan a la desintegración. Es paradójico, como nos empeñamos en imponer nuestras convicciones. Es que hasta el término tolerancia se ha convertido en un comodín y en un arma para el adoctrinamiento. La manipulación del lenguaje es uno de los medios más poderosos para ejercer el control sobre las masas. Los populistas tienen muchas mañas para torcer las emociones con frases y términos empalagosos. La sociedad termina entrampada repitiendo las sandeces de los charlatanes.

La superficialidad con la cual se abordan los temas medulares del ser humano solo contribuye a agravar las heridas que nos acechan. Antes las ideologías se restringían al dominio de lo político, ahora se han enredado con los géneros y las inestables “autopercepciones”. Los temas ambientales se tratan con mera retórica. La cacareada agenda 2030 es una quimera llena de buenas intenciones, sus metas son inalcanzables en un mundo tan desarticulado y superfluo.

Las buenas noticias no llegan por azar. Lo que se espera de cada persona es la honestidad y la coherencia de su ser con su entorno. ¿Es tan difícil ser auténtico? ¿Es tan complicado actuar obedeciendo los mandatos del corazón? ¿Es tan incómodo ser amable? ¿Cuáles son los beneficios de atreverse a ser diferentes?

Que este año 2024 no nos saboteemos la existencia, asimilemos que no estamos solos y contribuyamos a sumar bienestar.

Cosme Rojas
01 de enero de 2024
@cosmerojas3


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