El trabajo caracteriza al ser humano. La conciencia del ser y del estar nos mueve a procurarnos una vida de valores. Ponderamos nuestra existencia y la del entorno. Nos damos cuenta de que nuestras acciones y omisiones causan efectos en nosotros y en el medio a nuestro alcance.
Las necesidades básicas han de ser atendidas de manera oportuna. Debemos saciar el hambre; defendernos de las inclemencias y los peligros; comunicarnos y conectarnos con los semejantes; para asegurarnos el sustento y explorar mejoras de la calidad de vida. La cooperación genera eficiencia y simplicidad en las tareas, lo cual permite disponer de tiempo para atender a inquietudes de escalas superiores. En esta línea Maslow define la escala de la pirámide de las necesidades humanas: fisiológicas, seguridad, sociales, valoración y autorrealización.
En la búsqueda de satisfacer cada uno de estos niveles el ser humano requiere el intercambio y la conexión. De esta manera se recorre desde el instinto de supervivencia, hasta los requerimientos de crecimiento personal.
Quien cree que la vida es una calamidad en igual concepto tendrá al trabajo. Quien vive con intensidad sabrá aceptar que la vida es una marea cargada de emociones, sorpresas y profundos acertijos para resolver durante el recorrido. Hay que aprender a surfear con gracia las bravuras de las olas y entender que las caídas son parte de la travesía.
La sociedad promueve al éxito como la joya de la corona, en cualquier actividad humana. De manera paralela, se habla de la felicidad como un preciado trofeo y muchos están convencidos de que el éxito precede a la felicidad. La realidad está llena de innumerables ejemplos de infelices y desgraciados exitosos. Las noticias nos tienen acostumbrados a suicidios de famosos.
A la familia se le atribuye elevada importancia, pero no es la primera prioridad en la escala jerárquica. El razonamiento imperante indica que si se tiene éxito se puede tener una familia y en consecuencia alcanzar la felicidad. Nos empeñamos en distorsionar y corromper los valores del espíritu.
Si buscamos la felicidad estaremos dando el justo lugar al amor, el cual es el motor de una vida plena. Si la felicidad nos conduce, alcanzar el éxito será una consecuencia. Las preguntas que nos debemos hacer es ¿Qué es la felicidad? Y ¿Qué es el éxito? La familia nace desde el amor y la felicidad está en la satisfacción de ocupar un espacio en el corazón de los seres queridos. La felicidad no tiene nada que ver con estar alegres todo el tiempo, sino en disfrutar del actuar con agradecimiento, diligencia y buena voluntad.
La sociedad debe procurar que cada ser humano sea un trabajador desde sus vocaciones y fortalezas. Quien trabaja con entusiasmo no sentirá el pesar del esfuerzo y se regocijará de los frutos de su talento. Esto parece una utopía, pero creo que es factible si se maneja desde el núcleo familiar.
Cosme G. Rojas Díaz
28 de enero de 2024
@cosmerojas3

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