Reflexiones sobre la Verdad y la Autoobservación

Cuando era un chiquillo vivía constantemente haciéndole preguntas a mi madre: la tenía aturdida. Recuerdo que en una ocasión me dio una respuesta que no entendí. Ella, al notar mi cara de desconcierto me dijo: sé que ahora no está a tu alcance comprender lo que te estoy diciendo, pero en pocos años lo verás con claridad: porqué es la verdad.

¡La verdad! Ese firme dictamen me impactó. Me resultó tan inalcanzable. Me sentí abrumado por tanto peso en esa sola frase. Sin embargo, había tanta dulzura en el tono de mi madre que en medio de mi incertidumbre creí en su juicio. No es que me iba a olvidar de aquello, porque la búsqueda debe continuar de manera inexorable.

En aquel momento la orientación de mamá me ubicó en un plano de humildad y de agradecimiento al Creador por permitirme dudar. ¿Quién era yo para exigir explicaciones? ¿Acaso mis capacidades podían digerir la grandeza de mis intrépidas vacilaciones?

El gusanito de mi curiosidad no se rinde con facilidad, el hecho de que no me rinda es una prueba de que le importo a Dios.

He escuchado hasta el hastío una frase de una verdad a medias:

<Es que ese fulano no ve más allá de sus narices>

Y eso me lleva reflexionar lo superficiales y ágiles que somos para el juicio.

Lo fácil es fijarnos en lo ajeno. El desafío del valiente consiste en observarse con serenidad, antes de proyectarse a su entorno. El asunto debe ser atreverse a cuestionarse, a gestionar las emociones y los sentimientos. A no ofuscarse por banalidades.

¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? – Mateo 7:3

¿Acaso, podemos estar seguros de que lo percibido realmente sucede ante nuestras narices? La verdad es que no lo creo. Estamos tan pendientes de lo foráneo que al mirarnos al espejo no nos reconocemos en su reflejo. Deseamos contar con un espejito mágico que complazca nuestros caprichos.

Algunos señalan que la verdad es relativa. Esa concepción puede resultar peligrosa, pues la expone como un trofeo en un campo de batalla.

Según una interpretación del filósofo Friedrich Nietzsche: <No hay hechos, sólo interpretaciones>.

Bajo esa premisa lo que aplica es la ley del más fuerte. El gran problema es que las interpretaciones pueden ser infinitas y acomodaticias. En la destacada novela 1984 de George Orwell, la figura del “Gran Hermano” representa al líder ubicuo, incuestionable y rector infalible de la sociedad. Una creación de la interpretación de un orden tiránico.

Los abogados trabajan la verdad de manera progresiva y a su flujo le otorgan los estados de: verdad procesal y verdad verdadera. Y en los casos de duda optan por la más amplia o justa al mejor juicio posible. Los científicos, de manera similar, a través de la observación y la formulación de teorías se pronuncian con interpretaciones sujetas a la demostración y a la continua indagación de nuevas evidencias. Sin embargo, el hecho de que no podamos entender, alcanzar, asimilar y aplicar la verdad no significa que esta no exista.

Me encanta una frase de mi esposa, Dámaris, ella la antepone a los comentarios altisonantes, y reza así: “Yo creo en lo que digo y eso con mis reservas”. La catalogo como una sentencia sustanciosa, colmada de carácter y humildad. Es lo propio de una persona con fortaleza espiritual el no dejarse zarandear por cualquier charlatán o por circunstancias adversas.

En conclusión, la verdad es un valor del más elevado nivel y lo apreciamos como un ideal inalcanzable. Pilatos preguntó a Jesús ¿Qué es la verdad? Sin percatarse que la respuesta la tenía ante sus ojos.

En otro pasaje bíblico, ante la pregunta de Tomás:

<Señor, no sabemos adónde vas; pues ¿cómo podemos saber el camino? Jesús le dijo: Yo soy el camino, la verdad, y la vida: Nadie viene al Padre sino por mí>. Juan 14: 5 y 6

Cosme G. Rojas Díaz

08/12/2024

@cosmerojas3


Descubre más desde Cosme Rojas

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Descubre más desde Cosme Rojas

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo