Luego de años de experiencia laboral les comparto mi apreciación de la armonía necesaria entre el liderazgo y la ética.
El Fundamento
El liderazgo en los entornos corporativos debe impulsar el progreso social y las mejoras en la calidad de vida de las personas.
Está bien que los promotores del progreso se vean incentivados por los negocios y la generación de riquezas. Sin embargo, la naturaleza humana no está gobernada por los principios de altruismo. Es por esta razón que cualquier emprendimiento debe fundamentarse en una estructura y debe ser auditada por entes independientes.
El Sueño
Las ideas son como semillas que concentran un inmenso potencial, pero necesitan la alineación de múltiples factores para materializar sus encargos.
Cada creación comienza con esa semilla y la proyección de una visión. Eso que algunos llaman sueños. Al principio la comprensión es difusa y frágil. Los sueños no llegan con un manual de instrucciones de como materializarlos. Debe respetarse la coherencia de que lo creado debe generar bienestar sin quebrantar la armonía de lo existente. Este es un asunto ético. En términos prácticos se debe maximizar la relación entre el costo y el beneficio. La excelencia debe ser el horizonte para nunca estar conforme con lo logrado, porque siempre habrá espacio para que la ganancia apabulle a los costos.
El Ecosistema
En aras de precisar los términos, es necesario entender que compartimos un ecosistema. En otras palabras, somos viajeros de una misma nave, algunos en primera clase y otros en la base de la pirámide. Dicho esto, las ganancias y las pérdidas terminan por impactarnos a todos. No existe el éxito aislado, como en el Titanic todos terminamos afrontando una misma realidad.
La Ejecución
Con este preámbulo, el enfoque debe ser facilitar el proceso de conversión de la semilla de mostaza en un poderoso árbol.
La visión se inicia como un despertar a la potencialidad. Es descubrir que esa semilla de apariencia ordinaria esconde un código indescifrable al cual podemos acompañar en su desarrollo.
La misión. En muchos casos es sencilla y consiste en no sabotear lo que lleva su propio curso. Me detengo acá para compartir una anécdota o comentario que alguna vez me hizo un médico. Me dijo: “Sabes cómo distinguir un médico bueno de uno del montón”. Le respondí que era un lego en esa materia y no tenía cómo calibrarlo. Entonces me comentó: “El 80% de los pacientes que me consultan no requieren de mi ayuda, solo al 20% hay que darle cuidado experto. El buen médico es ese que sabe discernir cuales son los que requieren apoyo y además sabe cómo ayudarlo”. De manera que la misión es entender el proceso y estar con el ojo avizor para intervenir en el momento oportuno. Usando otro símil es como el músico que actúa cuando el director le indica y ejecuta con todo su potencial.
Los valores. Todo cuanto nos corresponde hacer debe estar guiado por principios de bondad, coraje y utilidad. Así como el creador nos concibió con amor, de la misma manera debemos corresponderle. Sin el respeto a los valores, cualquier iniciativa tarde o temprano cobrará con costosos daños.
El éxito no es un evento fortuito, sino que es producto de un proceso racional y ético.
Cosme Rojas Díaz
6 de abril de 2026
@cosmerojas

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